La distancia contiene significado
Lo que el concepto de "ma" nos propone para encontrar el equilibrio
Esto es Gunbai, una newsletter sobre pensamiento estratégico inspirada en la cultura japonesa. Cada semana, una idea para desarrollar tu capacidad de decidir y actuar. Porque pensar estratégicamente no es un don, sino una práctica.
Antes de continuar, una breve aclaración que me gustaría hacer desde el cariño.
Cada vez que hablo del Camino Medio, recibo algún comentario del tipo “ya, pero es que la vida son decisiones, tienes que elegir una u otra; si nunca decides nada, no puedes desarrollar tu propio criterio”. E incluso a veces me encuentro con el habitual “vale, sí, pero hay decisiones que no admiten término medio. Contratas o no contratas. Despides a algunas personas o quiebra la empresa. O lanzas el producto o no lo lanzas. A veces hay que elegir.”
Que sí. Que a veces la vida es dura. Y a veces un artículo de 1000 palabras no puede contener todas las casuísticas para satisfacer todas las situaciones que se nos pueden ocurrir sobre una determinada idea.
Con frecuencia nos encontramos con disyuntivas reales, binarias, donde efectivamente hay que decantarse por un lado. Nadie ha dicho lo contrario. Lo que llevamos dos artículos defendiendo es que algunas dualidades organizativas (no todas… ni la mayoría… ni siquiera necesariamente la que tú tienes ahora mismo en la cabeza) son en realidad falsas dicotomías, y esas se resuelven mejor navegando el espacio intermedio que eligiendo un bando.
Cuando digo “algunas dualidades se navegan, no se resuelven” no es lo mismo que decir “todas las dualidades del universo, sin excepción, se navegan”. Por si alguien necesitaba la aclaración por escrito y subrayada.
Hecha la puntualización, sigamos con lo interesante 😉
En el artículo de la semana pasada presentamos el Camino Medio: la idea de que la sabiduría no está en los extremos, sino en el espacio deliberado que existe entre ellos.
Hoy quiero detenerme en un matiz que cambia bastante la manera de aplicarlo: ese espacio intermedio no es un punto fijo en el centro exacto. Es algo mucho más vivo.
Y para desarrollarlo, me gustaría hablarte de un concepto japonés que me parece una de las ideas más elegantes que existen sobre el equilibrio: ma (間).
Ma no es solo la forma en la que llamas a la mujer que te trajo al mundo (si eres de esas personas que usa monosílabos para todo). En japonés es una palabra que, la verdad, es difícil de traducir. Porque en japonés no designa una “cosa”, sino un intervalo. Es el espacio entre dos columnas. Es la pausa entre dos notas musicales. Es el silencio entre dos frases en una conversación.
Pero ma, aunque puedes traducirlo como “espacio”, “intervalo” o “distancia”, contiene un matiz que el español no recoge bien. El ma no es ausencia. Es presencia activa de lo que no está.
En la arquitectura tradicional japonesa, el ma ayuda a determinar la proporción de una habitación: no el tamaño de las columnas, sino la distancia entre ellas. En la música tradicional (especialmente en el teatro Noh), los silencios entre los sonidos no son pausas vacías a la espera del siguiente golpe de tambor, sino una parte de la composición tan deliberada como las propias notas. Un músico de Noh no diría jamás “interpretaste bien la pieza, pero te sobraron silencios”, porque el silencio es una pieza tanto como el propio sonido.
Y aquí está lo interesante para nuestra conversación: el ma nunca es el mismo intervalo. La distancia correcta entre dos columnas en un templo no es una medida universal aplicable a cualquier edificio. Depende del conjunto, de la luz, de la función del espacio, de lo que rodea esa distancia. El silencio correcto en una pieza de Noh no dura siempre lo mismo: depende de la tensión dramática del momento, del actor, del público.
Es decir, el ma no es una regla geométrica, sino el resultado de aplicar un criterio más complejo.
Olvida el centro exacto
Cuando te hablo de buscar un “punto medio” entre dos extremos organizativos, nuestro cerebro tiende a pensar (casi sin darnos cuenta) en una recta con dos polos (un segmento, vaya) y un punto justo en mitad de ambos. Una media aritmética. Si A está en el 0 y B está en el 100, el equilibrio “razonable” parece estar en el 50.
Pero el ma nos anima a enfocarlo de otra forma: el espacio intermedio no tiene una medida fija. Tiene una medida correcta para este contexto, que puede estar mucho más cerca de un extremo que de otro, y que cambiará la próxima vez que te enfrentes a una tensión similar en circunstancias distintas.
Pensemos en la dicotomía entre trabajar a largo plazo y trabajar a corto plazo, que ya mencionamos la semana pasada. Una lectura ingenua del “punto medio” llevaría a destinar exactamente la mitad de la jornada a pensamiento estratégico y la otra mitad a pensamiento operativo. Cuatro horas para cada cosa, con la precisión de un reloj suizo.
Eso no es Camino Medio. Eso es rigidez disfrazada de equilibrio.
Lo que realmente funciona es asegurarse de dedicar tiempo suficiente cada semana a resolver las necesidades del día a día, al mismo tiempo que se dedica un tiempo adecuado a trabajar para el largo plazo. Y lo que significa “suficiente” o “adecuado” no lo determina ninguna fórmula. Lo determina el contexto: el rol concreto en el que estás, el momento que atraviesa tu organización, las circunstancias que te rodean.
Por eso, buscar el punto medio a veces significa un reparto 60%-40% entre dos ideas. Otras veces, un 80%-20%, si el contexto lo exige. El punto medio no es un lugar equidistante. Es una decisión de equilibrio que se recalibra constantemente.
Dame la receta para el punto medio, porfa
Lo siento, no puedo.
Porque todo esto tiene una consecuencia incómoda: si el punto medio no es un punto fijo, no puedes delegar la decisión en una fórmula. No hay una proporción universal de “tiempo estratégico vs. operativo” que puedas copiar de un libro de gestión y aplicar a tu organización. Lo que existe es la capacidad de leer cada situación y ajustar continuamente tu posición.
Los maestros del teatro Noh dedican décadas a aprender a calibrar el silencio correcto. No porque el silencio sea complicado en sí mismo, sino porque el silencio correcto cambia cada vez. Lo mismo ocurre con el directivo que navega el Camino Medio: la habilidad no consiste en encontrar la fórmula correcta una vez, sino en desarrollar el criterio para recalibrar cada vez que el contexto cambia.
El espacio entre los extremos no es geometría. Es una decisión que se toma, se revisa, y se vuelve a tomar.
La próxima semana continuaremos esta serie con la segunda idea: que ese punto de equilibrio, sea cual sea, siempre tiene un precio. Y entender ese precio es tal vez la parte más importante de todo esto.
Takeaways
A nivel personal
¿En qué decisión reciente asumiste que el “equilibrio razonable” era automáticamente el centro exacto entre dos opciones, sin pararte a comprobar si el contexto pedía otra cosa?
Piensa en tu propio ma: ¿hay algún espacio (de tiempo, de silencio, de pausa) en tu vida que estés tratando de eliminar por considerarlo “vacío”, cuando en realidad cumple una función?
A nivel de gestión de equipos y corporativo
¿Existe alguna proporción “estándar” en tu organización (de tiempo, de presupuesto, de foco) que se aplica por costumbre en lugar de revisarse según el contexto de cada situación?
¿Tu equipo tiene el criterio suficiente para recalibrar el punto de equilibrio cuando cambian las circunstancias, o tiende a aplicar siempre la misma fórmula porque “así se ha hecho siempre”?



Así a bote pronto se me ocurren unas cuantas cosas a revisar tras la lectura de tu post. Por ejemplo, todas las reuniones que se fijan a largo plazo. Todos los jueves de 15 a 16 vamos a revisar X, y eso no se adapta a como evoluciona el tema ni el año.
Por otro lado, lo que teóricamente es una hora de gimnasio en mi calendario acaba siendo el rato que tengo fuerzas. Y eso puede ser 45 minutos o 90, según se de. No se si es lo más sano, pero a nivel mental me funciona.
Gracias por estas perlas escritas que nos dejas!!!