La estrategia es de débiles
Tokugawa Ieyasu no podía creerlo. Mientras huía a toda velocidad en su montura, tratando de recomponer sus tropas, no hacía más que pensar en cómo demonios había terminado así.
Su ejército de 7.000 hombres debería haber sido más que suficiente para capturar el pequeño Castillo de Ueda.
Pero estos putos animales del clan Sanada habían logrado lo inconcebible. Que unas fuerzas muy inferiores, de apenas 2.000 hombres, pudieran resistir la embestida.
7.000 samuráis robustos y bien entrenados pierden frente a 2.000 samuráis de bajo rango y campesinos. Algo no cuadra.
Tokugawa trataba de recapitular lo que había pasado, mientras huía a una posición segura.
Para empezar, el Castillo de Ueda estaba bien ubicado, construido en un acantilado con vistas al río Chikuma y rodeado de humedales y montañas, lo que limitaba los ataques frontales. Eso era bien sabido y no supuso ninguna sorpresa.
Lo que no tenía tan claro era que su enemigo, Sanada Masayuki, iba a atraer a su ejército cerca del castillo o hacia el río mediante avances fingidos y retiradas calculadas. Esto desorganizó las fuerzas de Tokugawa, atrayéndolo a trampas donde eran expuestos a fuego concentrado desde torres y muros de piedra. Luego, cuando su ejército trataba de replegarse, se encontraba con vallas en zigzag y troncos, que dificultaban el movimiento y favorecía la persecución de los defensores, que expulsaban a los atacantes a balazos, pedradas y collejas. Los defensores hostigando a los atacantes. Menuda desfachatez.
Y lo que terminó de rematar la jugada fue un ataque psicológico en el peor momento. Aldeanos locales se colocaron en uno de los flancos y, convocados con conchas, se unieron a la batalla con gritos y algarabía. Las fuerzas de Tokugawa, sorprendidas, pensaron que se trataba del gran ejército de Uesugi, aliado de los Sanada, y entraron en pánico. En la huída fueron conducidos hacia el río Kami, que había sufrido crecidas y estaba intransitable. Acojonados, desorganizados y bloqueados por el agua, se vieron en posición vulnerable. Muchos se ahogaron durante la retirada.
1.300.
1.300 vidas perdió el ejército de Tokugawa.
Por la habilidad de Sanada Masayuki.
El puto Masayuki. Menudo madarfakar.
Y qué poco considerado. Con lo fácil que hubiera sido salir a campo abierto, para que Tokugawa le pasara por encima con un ejército el triple de grande.
Pero es que los Sanada tenían otros planes.
No tenían previsto dejarse aniquilar.
Sanada Masayuki aplicó estratagemas para salirse con la suya.
Pero no lo hizo porque le molara aplicar el ingenio (que también).
Masayuki lo hizo porque no le quedaba otra.
Lo hizo porque su clan era débil.
Los Sanada vivían en Shinano, una región montañosa que era rica en recursos agrícolas, pero aún más importante era el enorme interés de su ubicación geográfica. La provincia gozaba de una posición clave para controlar rutas comerciales y militares. Y tras la caída del famoso clan Takeda, surgió un vacío de poder importante en la zona. Grandes clanes como Uesugi, Hōjō y Tokugawa lo vieron claro: su expansión pasaba por hacerse con la zona.
Y en medio de todo ese follón estaba un pequeño clan de tres al cuarto, formado por unos paletos de las montañas. Gente tosca y muy básica. Palurdos comerraíces con pocas luces.
Sanada Mayasuki, palurdo entre palurdos pero más listo que un zorro, vio rápidamente que necesitaba ser hábil en la diplomacia y en el campo de batalla, a partes iguales. Actuó de manera inteligente.
Sanada Mayasuki actuó con estrategia.
Porque la estrategia es la disciplina de la aproximación indirecta. La estrategia es el arte de conseguir cambiar las tornas, cuando la mera aplicación de fuerza no basta. La estrategia, amigo mío, se debe aplicar cuando estás sufriendo la parte incómoda del escenario. Se aplica estrategia para tratar de contrarrestar una posición de debilidad.
Porque cuando estás en posición de fuerza, no necesitas estrategia.
Una empresa que tiene pricing power, y puede cargar a sus clientes lo que considere porque no hay competencia suficiente, ya no necesita estrategia. Ya ha ganado. Que se lo digan a NVidia (vale, tal vez necesita estrategia para “mantenerse ahí”, pero hablaremos de la Hipótesis de la Reina Roja y de Rita McGrath en otro momento, no ahora).
Una empresa que puede tener millones de euros de pérdidas y que puede seguir funcionando sin ningún tipo de repercusión, tampoco necesita una estrategia. Y si no, que se lo digan a Correos.
Si pensamos en ejemplos de posición de fuerza que no requieren estrategia, encontraremos miles. Pero si tengo que elegir una referencia moderna para ilustrar con claridad esta idea, y hacerlo en dos minutos, me quedo con el final de La Liga de la Justicia, la infame película de Zack Snyder. Tras haber obligado al espectador a tragarse más de dos horas de avatares y desdichas de los otros personajes, Superman por fin hace entrada y, bueno, por decirlo suavemente: saca pecho.
Vale que es un Deus Ex Machina como la copa de un pino. Vale que la película es un poco regulinchi (un “tostonazo del quince” para muchos). Pero mi punto es que, en ese momento de la trama, la superioridad de Superman es indiscutible, evidente y manifiesta. Ergo, no necesita estrategia. Va allí donde está el malo (llamado Steppenwolf, pero a quién cojones le pareció buena idea poner un nombre alemán para un villano que se supone que viene de otro planeta), Superman le arrolla como una apisonadora y, hala, película acabada. Labor hecha. Finito. A celebrarlo con Wonder Woman (o con Flash, no tengo del todo claro qué le va a este Superman).
Bromas a un lado, y referencias a otro, el mensaje es contundente.
La estrategia debe aplicarse para compensar (o prevenir) situaciones de desventaja.
La estrategia es un mecanismo de compensación de asimetrías.
La estrategia es el recurso del que está acorralado, como el perro que muestra coraje cuando le agreden.
La estrategia es para el débil.
Para darle al coco
Que el mundo es justo, somos todos iguales y todos tenemos las mismas oportunidades es una de las mayores falacias con las que vivimos aquellos que hemos crecido viendo películas de Disney. Lamentablemente, el mundo está lleno de escenarios con asimetría.
Una de las habilidades más relevantes, cuando se aprende los fundamentos del pensamiento estratégico, es tener la capacidad de detectar rápidamente esas situaciones de asimetría. Situaciones donde hay una desventaja inicial, y donde atenuar dicha desventaja suele requerir normalmente una aproximación indirecta.
¿En qué aspectos detectas una situación de asimetría, en tu vida personal (por ejemplo, frente al casero), con tu equipo de trabajo (por ejemplo, con otras partes de tu organización) o en tu empresa (por ejemplo, frente al mercado)?
Cuanto más trabajes la detección de asimetrías, y menos incomodidad te genere el hecho de verte inmerso en una, más fácil se activan los mecanismos racionales, los procesos cognitivos, que te ayudan a determinar cómo compensar esas situaciones.



!Qué buen ejemplo de estrategia aplicada Toni!
Y sobre todo ... qué buena tu invitación a conectar empáticamente con la situación.
Felicidades