Estrategia es renunciar
La única forma que conocen los humanos de avanzar es dejar algo atrás (Interstellar)
Viajemos en el tiempo.
Verano del año 1582. El 22 de junio para ser más exactos.
Toyotomi Hideyoshi estaba preocupado. Mucho. Casi tanto como cuando miras en la despensa, está medio vacía y aún estamos a día 7.
Llevaba dos meses asediando el Castillo de Takamatsu. 30.000 hombres esperando pacientemente a que el enemigo capitulara.
Había intentado asaltarlo con anterioridad en dos ocasiones, pero la guarnición había aguantado los embates. Además, 40.000 tropas de apoyo del clan Mori se aproximaban con velocidad para reforzar las defensas.
Hideyoshi tenía la suerte de contar a su lado con Kuroda Kanbei, gran estratega. Kanbei tuvo la idea de apoyarse en la naturaleza y, aprovechando las lluvias torrenciales de los días anteriores, desviaron el río Ashimori, que estaba cerca. El resultado fue la formación de un lago alrededor del castillo, convirtiéndolo en una isla solitaria. Esto afectó a la estructura, que estuvo a punto de derrumbarse, aisló al enemigo y le interrumpió las líneas de suministro.
Pero la situación tuvo un giro inesperado.
Las tropas atacantes interceptaron un mensaje: Oda Nobunaga, el señor de Toyotomi Hideyoshi, había palmado. Este suceso es conocido hoy en día por los japoneses con el eufemismo de “el Incidente de Honnō‑ji”, pero de haber sido en España lo hubiéramos llamado “la traición del desgraciado y ‘joputa Akechi Mitsuhide”.
El mensaje capturado era relevante por la noticia, pero también por desvelar las intenciones de Mitsuhide: informaba al clan Mori de que Oda Nobunaga había fallecido y les proponía una alianza (ya sabes, lo de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”).
Hideyoshi estaba en una tesitura difícil.
Por un lado, estaba la sucesión de Nobunaga y los intentos de unificar Japón. En un momento como este, resultaba vital moverse con rapidez (literalmente), para colocarse en una posición favorable.
Sin embargo, no se trataba únicamente de perder la oportunidad de gobernar el país. Se trataba de un cambio de poder tan brusco que también implicaba un peligro para simplemente sobrevivir. En los siguientes días, la propia familia de Hideyoshi tuvo que buscar refugio para evitar morir asesinada. Tokugawa Ieyasu, aliado, tuvo que huir campo a través con un pequeño destacamento a su región natal de Mikawa para evitar también el filo de la katana. Todos los clanes que apoyaban a Nobunaga estaban en riesgo de caer en manos de cualquier traidor.
Así pues, Hideyoshi debía moverse rápido. Mitsuhide estaba en Kyoto, y si consolidaba con su maniobra una posición dominante, la partida acabaría ahí. Pero si llegaba otro de los generales de Nobunaga y se cargaba primero a Mitsuhide, también supondría una derrota para Hideyoshi.
Luego estaba la situación con los Mori. Podrían pasar de estar atrincherados, aguantando el asedio del castillo, a asumir un papel ofensivo. Sin la presencia de Nobunaga, ahora los Mori sabrían que Hideyoshi no iba a tener más fuerzas de las que ya tenía, y podrían ir a por ellos, sabiendo que estaban en un momento de debilidad y división interna.
Todavía peor. Podrían esperar a que Hideyoshi diera la vuelta para ir a por Akechi Mitsuhide, y salir a perseguirlos. Las tropas de Hideyoshi podrían entonces verse atrapadas, entre un enemigo y otro, y sufrir una maniobra de pinza devastadora. Aplastado entre dos fuerzas como uvas dentro de una prensa de vino.
Dentro de esta situación, con información muy limitada y sabiendo que el tiempo jugaba en su contra, Hideyoshi apostó. Decidió renunciar.
Hideyoshi renunció a conquistar el Castillo de Takamatsu.
Hideyoshi renunció a ganar a los Mori.
Hideyoshi eligió ser quien le cortara la cabeza a Akechi Mitsuhide, por cumplir con su anterior señor y por posicionarse como sucesor. Y renunció a todo lo demás.
Hizo las paces con los Mori, estableciendo una tregua. Cedió provincias, y garantizó que no intentaría recuperarlas. Nunca.
Porque tenía otras prioridades.
La prioridad exige dejar otras cosas de lado. La prioridad significa renuncia.
Porque si marcas algo como prioritario, y si eso no implica realmente que renuncias al resto de detalles, realmente no estás marcando una prioridad. Estás definiendo meramente un orden de ejecución.
Cuando una empresa prioriza el EBITDA, está sacrificando el clima laboral o la retención de talento.
Cuando una empresa afirma que prioriza la retención de talento, pero luego no promueve reuniones con un diálogo auténtico con sus trabajadores para hablar de sus inquietudes, y esas reuniones implican renunciar a parte de la productividad en operaciones, no se está priorizando en realidad. Se está fingiendo.
Estrategia es renunciar.
Estrategia es dejar de hacer cosas (y asumir el impacto de que no se vayan a hacer) porque has priorizado otras.
Renunciar no es decir un lunes que “A” es más importante, para luego el jueves decir que “B” también lo es porque te duele en el zapato que no esté hecho. Si “A” es la prioridad el lunes, también lo es cuando llega el jueves. Y si “B” no está hecho, pero se está resolviendo “A”, no debería haber dramas. Todo lo demás son patrañas disfrazadas de priorización.
Pero también podemos leer lo anterior de la siguiente manera:
si no priorizas, renunciando conscientemente, no estás aplicando Estrategia
Es decir, renunciar no es siempre una consecuencia inevitable de la falta de recursos o de capacidad para abordarlo todo. A veces, renunciar es precisamente la principal decisión a tomar, para generar suficiente espacio para que haya una estrategia efectiva.
Suena duro, pero no hay más.
La renuncia estratégica es el resultado de una decisión estratégica.
Cuando analizo una empresa, trato de detectar las renuncias que se han asumido, tanto explícitas (las que están verbalizadas) como renuncias implícitas (aquellas que están, aunque no se han expresado verbalmente). Y algo en común tienen todas las organizaciones mediocres con las que me encuentro: no renuncian a nada. Porque les cuesta renunciar. Y como no quieren renunciar a nada (por avaricia, por inseguridad o por ignorancia), no priorizan realmente. Y como no priorizan de verdad, no pueden tener una estrategia solvente. Y como no tienen estrategia solvente, seguirán siendo mediocres hasta el fin de los días.
La alternativa es renunciar. De forma consciente. Para poder priorizar. Para tener foco. Para tener estrategia.
Las renuncias te definen tanto o más que las prioridades que te marcas.
“La buena estrategia requiere líderes dispuestos a decir no a una amplia variedad de acciones e intereses. La estrategia es tanto sobre lo que una organización no hace, como sobre lo que hace”. (Richard Rumelt)
PD: Para que no te quedes con la intriga respecto a qué pasó con Toyotomi Hideyoshi, mencionarte que tras firmar rápidamente la paz con los Mori, puso rumbo a Kyoto para dar caza a Mitsuhide. Las tropas de Toyotomi se presentaron en la capital más rápido que lo que tarda un político español en corromperse. Fue toda una proeza de esfuerzo físico y logístico (me refiero a mover tantas tropas en tan poco tiempo, no al político). Un ejército de 30.000 hombres recorrió 200 km en apenas 6 días, mediante relevos continuos de porteadores y provisiones.
Días más tarde, Hideyoshi fulminó a Mitsuhide en la batalla de Yamazaki y, al día siguiente, la cabeza del traidor era exhibida en lo alto de una pica en las calles de la capital. Akechi fue el shogun con menos recorrido de la Historia de Japón: no duró ni dos semanas en el puesto.
Tras su victoria, Hideyoshi quedó en una posición envidiable, como vengador de Nobunaga, y esa carta le serviría para su carrera en la sucesión frente a otros candidatos. Pero eso es otra historia…
Takeaways
Algunas ideas para llevar todo esto a la práctica.
A nivel personal
¿Qué renuncias has realizado conscientemente en el pasado, que han definido donde estás ahora? No hablo de situaciones que has tenido que soportar o a las que has tenido que resignarte. Me refiero a situaciones donde has aplicado una renuncia.
Mi caso personal, por si te aporta:
renuncié a un puesto directivo y me bajé del barco, cuando me di cuenta de que el ambiente se había vuelto insostenible (clima laboral tóxico) y me negué a formar parte de una maquinaria que estaba destruyendo personas
renuncié a desarrollar una carrera profesional mucho más rica en una gran ciudad como Barcelona, por construir un proyecto de vida con la persona que amaba
Son dos grandes renuncias que he hecho personalmente, como resultado de una decisión estratégica sobre mi proyecto de vida. Creo que no me hacen ni mejor ni peor persona. Simplemente son mis decisiones.
Y tú, ¿qué renuncia estás dispuesto a hacer en estos momentos, para alcanzar ciertas prioridades?
A nivel de gestión de equipos
“Alcance, tiempo y coste” (o presupuesto) son las tres restricciones fundamentales de la gestión de proyectos, conocidas como el Triángulo de Hierro o la Triple Restricción, donde si modificas uno, los otros dos se ven afectados.
Si el Alcance aumenta (se quieren más funciones): necesitarás más tiempo (plazo) o más Coste (presupuesto), o una combinación de ambos.
Si el Tiempo se reduce (plazo más corto): Podrías necesitar aumentar el Coste (más recursos, horas extra) para mantener el Alcance, o reducir el Alcance para cumplir el plazo con el presupuesto actual.
Si el Coste se recorta: Tendrás que reducir el Alcance (menos funcionalidades) o extender el Tiempo (más lento).
Una labor dura de casi cualquier project manager es explicarle a los clientes que deben elegir uno. La parte difícil es que el cliente debe sacrificar algo a cambio de otra cosa (es decir, renunciar). Casi todos los clientes lo entienden, o lo terminan entendiendo. Los que no lo hacen, suelen ser imbéciles o ignorantes.
¿A qué está renunciando tu equipo o tu departamento? ¿Qué renuncias estratégicas ha asumido para lograr la consecución de una prioridad?
A nivel corporativo
¿A qué está renunciando tu empresa? ¿Qué obtiene a cambio? ¿Es una renuncia consciente, o es mera resignación?
¿Qué problemas existen en tu empresa en el día a día, por culpa de que no se está renunciando a algo?
No me digas qué priorizas. Dime a qué has renunciado.
Tus renuncias te definen tanto como tus aspiraciones y objetivos.


