El pensamiento estratégico se puede aprender
La práctica deliberada como elemento clave para el crecimiento personal
Suena a chiste, pero ¿qué tienen en común un chino jugando a algo parecido a las damas, un psicólogo sueco, una catedrática neoyorquina en Stanford y un zapatero japonés del siglo XIX?
Seguramente nunca has oído hablar de él, pero vengo a hablarte de Go Seigen (1914-2014), quien es considerado el mayor jugador de Go del siglo XX.
El Go es un juego de tablero de estrategia que se originó en China hace más de 2500 años. Dos jugadores emplean una serie de fichas, de color blanco o negro, y las colocan en el tablero con forma de cuadrícula de 19x19. Las fichas, una vez colocadas, no se pueden mover. Capturas una ficha enemiga si consigues rodearla con las tuyas.
A pesar de esta aparente simplicidad de las reglas, el Go es uno de los juegos más complejos que existen, y de hecho estaba considerado una de las cuatro “artes esenciales” de la antigüedad china. A los expertos en computación les costó una barbaridad lograr que un programa informático venciera a un campeón mundial en Go, unos 20 años después de haber logrado lo mismo en el ajedrez.
Pues resulta que Go Seigen revolucionó el juego mediante un estudio intenso y autoanálisis. Empezó como niño prodigio en China, con un estudio intensivo en familia, y luego se formó en Japón bajo un modelo casi monástico de dedicación total al juego. Go Seigen combinaba partidas de alta exigencia con reflexión filosófica. Su práctica se centró en jugar contra los mejores, y posteriormente analizaba profundamente cada movimiento. Además, estudiaba partidas de grandes maestros anteriores, reinterpretándolas con una visión propia. Con el tiempo, terminó desarrollando una visión “moderna” del juego, que iba más allá de una memorización masiva de secuencias de jugadas (josekis).
En otras palabras, el mayor mérito de Go Seigen es que empleó el Go como vía de investigación mental, un vehículo para desarrollar su mente, más que un juego que requería una simple acumulación de patrones.
Go Seigen aplicó el concepto de práctica deliberada de manera extrema.
La “práctica deliberada” es un término que acuñó el psicólogo sueco Anders Ericsson en la década de los años 90. Ericsson argumentaba que el expertise (la destreza) no es algo innato, sino el resultado de esfuerzos prolongados y estructurados por mejorar el rendimiento. Sus estudios luego fueron popularizados por autores como Geoff Colvin y Malcom Gladwell.
Luego vendría Carol Dweck, psicóloga y profesora en la Universidad de Stanford, y nos hablaría de la relevancia de la mentalidad de crecimiento. Dweck defendía que es importante desarrollar la creencia de que tus cualidades básicas son cosas que puedes cultivar mediante esfuerzo. Aunque las personas diferimos en muchos aspectos (talentos y aptitudes iniciales, intereses o carácter), todos podemos cambiar y crecer mediante la aplicación y la experiencia. En otras palabras, la mentalidad de crecimiento permite que las personas utilicen y desarrollen sus mentes plenamente. Porque “abrirte al crecimiento te hace más tú mismo, no menos”.
Y de esta forma llegamos al término japonés “shokunin” 職人, que se utiliza para describir a un maestro japonés artesano. Pero lo interesante de este concepto es que va más allá de la mera habilidad técnica. Un shokunin representa una filosofía de vida de dedicación total, la búsqueda constante de la perfección y la humildad en un oficio.
Un shokunin pule tanto su técnica como su personalidad a través de la práctica diaria. Es la búsqueda permanente de la excelencia continua, con devoción por su disciplina, sin esperar elogios externos, trabajando con gratitud y con conciencia social.
Y te estarás preguntando, a estas alturas del post, “Vale, Toni, muy interesante, ¿y todo esto qué tiene que ver con el pensamiento estratégico?”
Muy sencillo.
El pensamiento estratégico es una habilidad.
Y, como cualquier otra habilidad, puede entrenarse.
Y, al desarrollar la habilidad, también puedes trabajar otras cualidades personales de ti mismo.
Ese es el reto que te propongo abordar.
Y la mejor forma de entrenar el pensamiento estratégico es mediante una combinación de:
práctica deliberada: esfuerzos prolongados y estructurados, a través de una práctica intencional y enfocada, no simplemente repetición mecánica
aprendizaje: adquisición de conocimiento basado en gran medida a través de la reflexión, guiada por un coach y con obtención de feedback
experiencia: contraste de los modelos mentales con el mundo real, exposición a feedback en entornos no controlados, puesta en práctica de la habilidad
Con esta newsletter pretendo guiarte en un camino para que puedas desarrollar el pensamiento estratégico como una competencia profesional, entendiéndola además como una disciplina que se compone de varias otras habilidades, tales como la capacidad de análisis situacional (sensemaking), la anticipación prospectiva, la evaluación de riesgos, la toma de decisiones en escenarios difusos y la adaptabilidad, entre otros.
Pero de todo eso te hablo en otro post. Que ahora me toca ir a entrenar.



